Algunas cosas que he visto en este 2016

– Pack Elle (2016), de Paul Verhoeven e Irreversible (2002), de Gaspar Noé. Las vi una detrás de la otra. ¿Cómo mostrar el acto de una violación? Y más aún, ¿una violación donde sobrevuela la duda sobre si le ha gustado a la que la sufre? Preguntas que remueven las tripas y me costaron una cita. Escenas inmensas, como el hombre que ve, se para y se va en Irreversible o la ducha de Huppert en Elle. Diferentes, desasosegantes y de muchas capas. Y sobre todo muy valientes

Everybody Wants Some!! (2016), de Richard Linklater. Me gustó mucho la absoluta y rotunda normalidad Boyhood (la conversación que mantienen en un truck escuchando a Arcade Fire, por ejemplo, o la escena final) pero a veces necesitas en tu vida una American Pie bien hecha para alegrar la tarde. Porque, ¿quién no ha cantado en el coche? ¿Quién no ha querido tener boobs and bootles para siempre? Repaso por la música de la era tocadiscos a la que no llegué, con Frank Zappa y el punk en ellos. Ganas de encontrar un camino y de ligarse a la hermosura de Zoey Deutch. Y sobar cuando empieza la clase. The american way of living.

– Pack Delitos y faltas (1989) y Irrational Man (2015), de Woody Allen. De nuevo, las vi seguidas. Mucho mejor la primera, pero no tan mala la segunda como comentan. Tengo la sensación que el último Woody no hace películas sino complementos a sus clásicos. Nadie pudo reflejar mejor las luchas morales, los pros y las contras de un asesinato como en Delitos, pero en la última, este es el mismo motor de la existencia. Y todo lo vemos en un tono pastel y con un Joaquim Phoenix con tripa cervecera (¡por fin alguno con tripa!)

El Club (The Club) (2015), de Pablo Larraín. Una película agobiante, de las de estirar el cuello, quitarte un botón de la camisa y respirar. Como vivir en la más archimiseria moral por quienes se suponen encargados de vigilarla. Muertos en vida derechos al infierno.

Justified: La ley de Raylan (2010). Esta serie es el swag hecho Raylan Givens, el más rápido con el gatillo y la tragedia griega -o española- de nacer en una familia con odios ancestrales. Todo rodeado pueblerinos y cultos, las montañas de Kentucky y un inglés con acento nasal. Una historia de machos y hembras que esconden una cantidad de mierda o pureza increíble en una mirada y que se comportan así pues porque son así. Los Bennett, los Givens, los Crowder. Inolvidables

The Knick (2014). Me fijo solo en el inicio esta serie. Amanece el Dr. John W. Thackery en un fumadero de opio. El ambiente es el NY de principios del siglo XX, de atmósfera azul lechosa antes del alba. Hay una mezcla de tranvías y coches de tiro en un mundo que se siente transformar a pasos agigantados. Hay un caballo muerto en la calle. El personaje se desata un mocasín blanco nieve y se inyecta heroína (la cocaína todavía no existe) y procede a operar cuando llegue al hospital. Esta serie es el modernismo: una época extraordinaria, donde el mundo cambió como nunca, la esperanza reinaba por doquier y la ciencia estaba en pañales. Y todo ello llevó a una guerra mundial.

Viaje a Sils Maria (2014), Olivier Assayas. Entono mi particular mea culpa con esta película: Kristien Stewart puede ser buena. Estupenda historia de actrices. Una progresiva aceptación de que estás en el final de tu carrera y la perplejidad que es asumir que tu tiempo ha pasado y no te han pedido tu opinión para ello. En contraposición, la juventud.

Vacaciones en Roma (1953), de William Wyler. Una comedia de la que enamorarse. Pocas palabras podría decir yo sobre ella, pero la escena final es lo que la convierte en magnífica. Tras pasar revista a los reporteros (uno de La Vanguardia), Gregory Peck se despide de Audrey andando con las manos en los bolsillos, andando hacia la cámara en contrapicado, y a su alrededor, un fastuoso palacete. Aquí se demuestra qué poco cine hay en la vida real. Y por qué nos enganchamos tanto a la gran pantalla

Ninotchka (1939), de Ernst Lubitsch. A principios de año, mis padres me pusieron un ciclo de Ernst Lubitsch. Me quedo con esta película y esta maravillosa escena. “Me niego a quitarle el polvo al Capital de Carlos Marx” y, sobre todo, “la idea de compartir la cuenta con ud. y que ud. se lleve la mitad de mis ahorros” es la mejor definición del Comunismo jamás filmada.

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