But that’s all I want, the truth

You don’t know the truth. You don’t know anything.

But that’s all I want, the truth. I want you to talk to me.

Emanuel Carrère, My Life as A Russian Novel

 

Dice Arcadi Espada que se levantó de su cama para mirar si, efectivamente, lo relatado por Carrère era cierto. Si escribió esa carta en Le Monde, si es tan perdedor como se relata. Y podemos suponer que sí, que es tan colosal capullo como se dice. Digo “suponemos” porque no deja de ser como él dice que es. Pero escarba su vida con la sinceridad del bisturí. Describe con prosa telegráfica su cipote y el equivalente mujeril, su relación con su familia, ese pueblo de Rusia perdido de la mano de Dios que a nadie interesa y a nadie le volverá a interesar. Y nos lo dice a todos: familia, allegados, franceses, el mundo. Como buen francés, su boutade alcanza cotas de arte. También vemos lo fácil que es conseguir una subvención en Francia.

No obstante, lo mejor que plantea el libro es la verdad, la realidad y la literatura. El personaje Carrère quiere saber, saber qué ha pasado, saber qué sienten, saber qué hacer. Saber, saber, saber. Saber aun cuando sabe lo que va a costar, en este caso, su mujer, cuya actitud roza el acoso. Saber qué ha pasado con su abuelo, saber qué ha pasado con la pobre mujer que sabía francés. Saber hablar ruso. Saber que lo escribe tiene algún significado para alguien, saber que alguien en el tren se va a masturbar, saber que la literatura puede ser performativa, que él con su obra puede cambiar algo. Pero, desgraciadamente, acabamos leyendo el triunfo la realidad, la gran puta gris. Que puedes ser francés, rico, artista bon vivant, conocido y todo lo demás, pero tu vida es igual de triste que el resto. Que eres del montón y tienes problemas de cuarentón. Que tu vida es una birria y lo que va a ser tu carta de amor la leen miles de personas menos su destinataria, quién está en la situación más jodida de su vida. Y que tú describes eso, la crónica de ser un perdedor, sin un gramo de compasión para ti mi. Escribes sabiendo que te van a leer tus padres, tus hijos, tus amigos de la bohemia. Escribes sabiendo que vas a ser retratado. En la época del posmodernismo, donde todos se disfrazan en público con la librea del relativismo, pides verdad y tristemente verdad encuentras.

Nunca más claramente sabemos que la literatura no salva.

Gracias, Emanuel

 

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